Desde mi sofá «Eva Delgado»

Desde niña, siempre tuvo esa sensación como de ir volando sobre su propia cabeza, la impresión de no ser ella cada vez que se miraba en un espejo imaginando que, en realidad, era otra persona quien la observaba extrañada desde un mundo paralelo. Más de una vez se escuchó preguntándose en voz alta aquello de: ¿seré yo esa, realmente?, hasta el punto de sentir pánico de su propio pensamiento. Algunos días se sacudía la ropa con restos de otra vida intentando no pensar de nuevo en salir corriendo atravesando el umbral de la muerte que se empeñaba en no soltarle la conciencia. Tal vez era cierto lo que algunos decían y estaba loca. Aquella noche se duchó con agua fría tratando de congelar viejos recuerdos acumulados en las sienes, vistió su mesa de gala para una cena en solitario a la par que cosechaba diálogos con las criaturas que imaginaba saliendo de las paredes, se abandonó al dolor de una soledad impuesta por la gente nacida sin oídos y, después de su tercera copa de vino, convino olvidarse de la penitencia de vagar por las esquinas, y se durmió.


Buenas noches, mundo.